Desde el dolor


Perder a un ser querido, es siempre una tragedia, pero que muera antes de tiempo, por circunstancias desafortunadas, y en tus brazos… es muy duro.
Habrá gente que no comprenda hoy mi palabras, mi homenaje a ese ser, a ella, la que siempre me esperaba “con una sonrisa en la boca”, la que siempre , siempre se alegraba de verme. La que siempre obedecía sin rechistar, la que siempre estaba ahí y acudía cuando la llamabas. La que me seguía por la casa, durante todo el día… Ella, NOA, mi preciosa perrita. Ella, que nos quería, que nos protegía, que nos ofrecía su amor y su “amistad” más desinteresada. Nunca un gruñido, nunca un rebote, “no era una perra, era un ángel” como solía decir mi vecino.
Hoy he llorado como hacía años que no lo hacía, con un dolor tan profundo y un sentimiento de impotencia que no había sentido antes. Al llegar a casa, se ha cruzado en el camino y ha muerto atropellada por nuestro propio coche.
Tenerla en mis brazos y no poder hacer nada por salvar su vida, que se ha esfumado en apenas unos minutos… ha sido algo muy duro para mí. Sé que mucha gente no entenderá mi dolor, y el que me conozca sabe que sé diferenciar entre persona y animal, pero esto es para ella… allí donde esté quiero que sepa que siempre, siempre, la llevaré en mi corazón.
¿Quién vendrá ahora a recibirme al llegar a casa? ¿Quién se tumbará a mi lado mientras trabajo? ¿Quién me mirará, esperando obediente, tener un poco de suerte y que “le caiga algo”
Ayer mismo lo hablaba con Roberto, le decía que NUNCA tendríamos otra perra como ella, una perra tan noble, tan fiel, tan obediente y tan lista. Y hoy… ya no está.
Desde el dolor y la pena te digo adiós, o más bien: HASTA SIEMPRE.

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