Confesiones de una madre... cuando muere la ilusión, o más bien, la asesinan.

NO, no penséis mal... no voy a hablar de mi ni de mi vida personal, ni voy a confesar ningún secreto inconfesable por la red. Voy a hablar de la magia de la Navidad, y el momento es el que debes confesar a tu hija de 10 años la verdad.

Andrea es una niña muy niña. Con aires de señorita moderna, pero niña. Hasta hace poquísimo, vivía convencida de que los reyes y Papá Noel existían. De hecho, tubo la suerte de pillar a Papá Noel infraganti saliendo de mi casa el día de Navidad de buena mañana. Un Papá Noel algo afeminado y con unos preciosos ojos azules, pero un Papá Noel fantástico a los ojos de una niña de tres años. Y no lo vio solo ella, oiga usted ¡que lo vimos todos! Bueno, todos lo que se dice todos no; la tati era una dormilona y no lo pudo ver ...

Ver a Papá Noel con sus ojos la hizo una defensora acérrima de Los Reyes de oriente y del susodicho "señor del PSOE de barba blanca". Yo la oía contestar a los demás niños cuando hablaban del tema, argumentando con toda su razón, que TENIA que existir porque ella lo había visto de pequeña y me sonreía por dentro al ver lo convencida que estaba. Pero tiene diez años. Diez para once, y ... bueno, he creído conveniente decirle la verdad.
Un poco antes de las navidades lo hablaba con su antigua profe. ¿cual es la edad ideal para confesar algo así? Y ella me dijo, que bueno, que ya. Y yo me hice el firme propósito de decirle la verdad de cara a las navidades siguientes.

Y hoy ha ocurrido. Ha venido y me ha dicho que tenía que hablar conmigo. Le he preguntado si era algo serio, y me ha dicho que sí. Me ha encerrado en mi cuarto y cuando ha ido a preguntarme, no sabía cómo hacerlo. Ha empezado a dar vueltas.... "es que te vas a reír de mi".... "es que me vas a decir que no..." y yo ahí, sin tener ni la más remota idea de por dónde iban los tiros. 

Y entonces, me lo ha dicho. "mama, yo estoy muy feliz con mi infancia -(o algo así, no recuerdo bien)- pero los niños de mi clase dicen que Papá Noel y los Reyes no existe, que son los padres... ¿es verdad?" Y yo, con cara de póquer, le he contestado... "dame un minuto"

He bajado corriendo al ordenador y he impreso esta historia que enviaron hace unos años y que guardaba en el correo como oro en paño:

Los reyes SI existen.

 Hace muchos años, cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente        guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan 
 contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, 
 dijo: 
 
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a 
 todos los niños del mundo y ver lo felices que serían. 
 
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de 
 hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de 
 niños como hay en el mundo. 

 Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos 
 compañeros con cara de alegría, comentó: 

- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque 
 somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder 
 recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero 
 sería tan bonito. 
 
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían 
 realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía 
 escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el 
 Portal: 
 
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros 
 regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: 
 ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños? 
 
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. 
 Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño 
 que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, 
 pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos. 
 
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino 
 dos pajes para cada niño que hay en el mundo. 
 
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los 
 tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración. 
 
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben 
 querer mucho a los niños? -preguntó Dios. 
 
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes. 

- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los 
niños? 
 
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez 
 más entusiasmados los tres. 
 
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los 
 niños y los conozca mejor que sus propios padres? 

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que 
 Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír: 

- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres 
 Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos 
 regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos 
 los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y 
 de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También 
 ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se 
 haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los 
 niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les 
 contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, 
 los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, 
 alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos 
 todos son más felices. 

Y sí, se la he contado, con lágrimas cayéndome de los ojos mientras lo hacía. Luego le he dado un abrazo y le he preguntado cómo se sentía. Con los ojos brillantes me ha dicho que bien, que estaba algo triste, pero bien... Entonces le he pedido que guarde el secreto y la ilusión, y le he prometido que estas navidades, ella será mi ayudanta para decidir que regalos compramos y aconsejarme. 

Es un momento triste, la verdad. Queremos que nuestros hijos crezcan. Que sean los más guapos, los más listos, los más altos, los más preparados, lo más de lo más, pero al mismo tiempo, queremos que sean pequeños para siempre, que no pierdan la ilusión por las cosas tan fantásticas que tiene la infancia. Y en este momento es cuando te das cuenta realmente, de que tu hija ya no es un bebé. Y es duro...

Y los niños, ¿porqué tiene tan mala idea?  porque yo estoy segura de que todos los padres les decimos lo mismo a nuestros hijos antes, durante o después del fatídico momento de la confesión: "no se lo digas a los demás niños"... Pero no hay manera.

Y bueno, por mi amigo Pérez no ha preguntado. ¿de verdad piensa que un ratón puede llevarse los dientes y dejar dinero?... Qué bonito es ser niño, de verdad. ¡Cuánto lo echo de menos!

Y para vosotr@s, ¿cómo fue ese momento? ¿recordáis vuestro momento de niños?

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